🎨 La plaza encantada: arte vivo en cada rincón
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Cada domingo, cuando el sol se posa suavemente sobre los tejados coloniales de Usaquén, la plaza se transforma en un santuario de creación. No es solo un mercado de arte: es un ritual colectivo donde pinceles, cuerdas de guitarra, manos tejedoras y miradas curiosas se entrelazan en una sinfonía de colores, memorias y emociones.
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| Domingos de arte y alma en Usaquén |
Los artistas llegan como alquimistas urbanos. Algunos extienden sus mantas cargadas de acuarelas que parecen haber sido robadas al cielo bogotano. Otros ofrecen esculturas que guardan secretos en cada curva. Hay quien pinta retratos en tiempo real, capturando no solo rostros, sino almas. Cada obra vibra con una historia, cada trazo es una confesión silenciosa.
Caminar por la plaza es como entrar en un cuento sin final. Se escuchan guitarras que susurran boleros, tambores que despiertan raíces, voces que narran leyendas. Una mujer borda mariposas para honrar a su abuela. Un joven convierte retazos en poesía visual. Un músico toca para sanar su duelo. Cada gesto es una ofrenda, cada creación una pincelada de magia.
Pero Usaquén no solo es arte: es encuentro. Es el abrazo entre generaciones, el diálogo entre culturas, la sonrisa compartida entre desconocidos. Es el lugar donde el arte no se vende: se comparte, se respira, se celebra. Donde el visitante no solo compra una pieza, sino que se convierte en parte del cuadro. Al elegir una obra, está diciendo “esto me representa”, “esto me recuerda”, “esto me transforma”.
La plaza también es resistencia. Es el testimonio de que, en medio del ruido urbano, aún hay espacio para la belleza, para la pausa, para el asombro. Es el recordatorio de que el arte no necesita paredes ni vitrinas: basta con el corazón dispuesto y el alma abierta.
Y tú, que caminas entre los puestos, que te detienes ante una pintura que te habla sin palabras, que sonríes al ver una marioneta danzar, estás siendo parte de algo más grande. Estás siendo testigo de una ceremonia silenciosa donde el arte y la vida se abrazan.
Usaquén no es solo un lugar. Es un estado del alma. Una plaza donde cada domingo se renueva el pacto entre la creación y la esperanza. Donde cada artista deja una huella, y cada visitante se lleva una chispa.
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Me gustó mucho este post, gracias por compartir tus conocimientos. No siempre puedo responder a todos los comentarios, pero valoro mucho tu contenido. ¡Sigue adelante!